El capitán Loro era joven, audaz y fuerte. Vestía como un soldado, con una casaca oscura, botas altas y una espada que llevaba siempre al cinto. Pero había algo que lo distinguía de todos los demás: hablaba más que nadie durante las batallas.
—¡A estribor! ¡Cargad los cañones! ¡No dejéis que ese barco se aleje! —gritaba mientras recorría la cubierta.
Habían pasado pocos días desde que Loro había encontrado, en el primer capítulo de su aventura, un enorme tesoro que pertenecía a unos pueblos indígenas. Loro había decidido llevarlo consigo, pero todavía no sabía que alguien lo estaba siguiendo.
Al amanecer, uno de sus marineros señaló el horizonte.
—¡Capitán! ¡Un barco detrás de nosotros!
Loro tomó su catalejo.
—Así que nos han encontrado...
Era un barco grande y bien armado. Sus velas se acercaban rápidamente.
—¡Preparad los cañones! —ordenó Loro—. ¡Hoy no pienso entregar nuestro tesoro!
Los dos barcos comenzaron una persecución. El viento soplaba con fuerza y las olas golpeaban los cascos.
De pronto:
¡BOOOOM!
Una bala de cañón salió disparada desde el barco enemigo y cayó al agua junto al navío de Loro.
—¡Nos están disparando! —gritó un marinero.
—¡Pues contestadles! —respondió Loro—. ¡Y procurad que nuestra respuesta sea más ruidosa!
¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!
Los cañones rugieron mientras ambos barcos intercambiaban disparos. La cubierta temblaba y el humo cubría el mar.
Finalmente, Loro vio su oportunidad.
—¡Acercaos a ellos! ¡Vamos a abordarlos!
Los marineros lanzaron los garfios y las cuerdas. Loro fue el primero en saltar al barco enemigo, espada en mano.
—¡Rendíos! ¡El barco es nuestro!
Después de un duro enfrentamiento, la tripulación enemiga terminó derrotada. Algunos habían muerto durante la batalla y otros fueron hechos prisioneros.
Loro ordenó registrar el barco.
—Quiero saber qué transportaban.
Cuando abrieron la bodega, descubrieron cajas de mercancías, telas, herramientas y otros objetos valiosos.
—Capitán —dijo uno de sus hombres—, parece que hemos encontrado una buena carga.
Loro sonrió.
—Entonces nos llevaremos la mercancía... y también ese barco.
A los prisioneros los hicieron subir al barco de Loro bajo vigilancia. Los marineros muertos del enemigo quedaron en su propio barco, que fue soltado para que siguiera su camino a la deriva sobre el mar.
Loro contempló cómo el barco se alejaba lentamente.
—Esta batalla ha terminado —dijo—. Pero tengo la sensación de que el tesoro que encontramos en el primer capítulo nos traerá problemas mucho mayores.
Y mientras el sol desaparecía en el horizonte, el capitán Loro puso rumbo hacia nuevas aguas, sin imaginar que alguien, en algún lugar, ya conocía el secreto de aquel misterioso tesoro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario