Capitán Loro — Capítulo 9: La India y los ataques piratas
Después de su última aventura, el capitán Loro decidió poner a buen recaudo el último tesoro que había conseguido. Se lo entregó a Quisquilla, el recaudador en quien más confiaba.
Quisquilla no solo había conseguido devolverle parte de su riqueza, sino que también había ayudado al capitán a encontrar a un hijo que creía perdido.
—Puedes quedarte con el tesoro, Quisquilla. Sé que estará seguro contigo —dijo Loro.
—No te preocupes, capitán. Yo lo guardaré hasta que vuelvas.
Loro sonrió.
—Entonces nos volveremos a ver.
La tripulación estaba preparada.
—¡Alzad las velas!
Las enormes velas se desplegaron.
—¡Levad anclas!
El barco comenzó a avanzar.
Su destino era un lugar lejano y lleno de misterios.
La India.
Loro había oído hablar de sus magníficas sedas, sus telas de colores imposibles y sus especias. Quería comprar aquellos productos para venderlos en otros lugares y conseguir suficiente dinero para preparar a su tripulación para futuras aventuras.
Pero el capitán todavía no sabía que antes de llegar tendría que enfrentarse a uno de los ataques más peligrosos de su vida.
El ataque de los piratas
Llevaban varios días navegando cuando uno de los marineros gritó desde lo alto del mástil:
—¡¡BARCO A BABOR!!
Loro levantó su catalejo.
A lo lejos se acercaba un barco oscuro.
—¿Es un barco mercante? —preguntó uno de sus hombres.
Loro observó con atención.
—No.
El barco enemigo izó una bandera negra.
—¡Piratas!
La tripulación comenzó a prepararse para el combate.
—¡Cargad los cañones! —ordenó Loro.
Pero entonces se dieron cuenta de algo.
—¡Capitán! ¡No podemos disparar! ¡Los cañones están atascados!
Loro apretó los dientes.
El barco pirata se acercaba cada vez más.
—Entonces lucharemos de otra manera.
Los piratas lanzaron varios garfios que se clavaron en la cubierta.
¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG!
—¡Ya están aquí! —gritó un marinero.
Decenas de piratas comenzaron a saltar de un barco al otro.
Loro desenfundó su espada.
—¡Que nadie toque nuestras mercancías!
Un pirata enorme corrió hacia él con un hacha.
Loro esquivó el primer golpe.
¡CLONK!
El hacha se clavó en la madera.
El capitán aprovechó el momento para hacer tropezar al pirata con una cuerda.
—¡Uno menos!
Pero detrás de él aparecieron otros tres.
Loro retrocedió.
—Esto se está poniendo interesante...
Entonces tuvo una idea.
—¡Soltad las redes!
Dos marineros tiraron de unas cuerdas y una enorme red cayó sobre los piratas.
¡PUM!
Varios quedaron atrapados.
Pero otros consiguieron escapar.
Uno de ellos llegó hasta el almacén.
—¡Encontré el tesoro!
—¡No tan rápido! —gritó Loro.
El capitán corrió detrás de él.
El pirata abrió la puerta y se quedó paralizado.
No había ningún tesoro.
Solo había barriles vacíos.
—¿Qué...?
Loro apareció detrás.
—¿Buscabas esto?
Le mostró una pequeña bolsa de monedas.
—¡Cogedlo!
El pirata se lanzó hacia él, pero Loro soltó la bolsa.
El pirata intentó atraparla y cayó directamente sobre una trampa que habían preparado los marineros.
¡ZAS!
Una cuerda le atrapó los pies y lo dejó colgado boca abajo.
—¡Capitán! —gritó un marinero—. ¡Quedan cinco!
Loro miró hacia cubierta.
Los últimos piratas estaban rodeando a su tripulación.
Entonces tuvo otra idea.
—¡Todos al lado derecho del barco!
Los marineros obedecieron.
Los piratas corrieron detrás de ellos.
Cuando estuvieron todos juntos, Loro cortó una cuerda.
Una gran lona cayó desde el mástil y envolvió a los atacantes.
Los piratas quedaron completamente atrapados.
—¡Ahora! —gritó Loro.
Los marineros tiraron de las cuerdas y levantaron la lona.
Los piratas quedaron colgados en el aire.
—¡Creo que habéis elegido el barco equivocado! —rió Loro.
Finalmente, todos los piratas fueron capturados.
La llegada a la India
Después de aquel combate, la tripulación continuó navegando hasta que finalmente divisaron la costa de la India.
Loro bajó del barco y buscó a los mercaderes más prestigiosos.
Encontró sedas magníficas, telas brillantes, especias exóticas y vestidos que parecían hechos para reyes.
El capitán comenzó a negociar.
Intercambió parte de su oro y sus especias por las mejores telas.
Después de horas de negociaciones, consiguió un magnífico cargamento.
—¡Esta mercancía nos dará una fortuna! —dijo uno de sus marineros.
—Eso espero —respondió Loro—. Porque todavía tenemos que regresar al barco.
Y no tardaron en descubrir que el verdadero peligro todavía no había terminado.
La emboscada del bosque
De camino al barco tuvieron que atravesar un enorme bosque.
Loro notó algo extraño.
Los pájaros habían dejado de cantar.
—Parad —susurró.
La tripulación se detuvo.
Entonces...
¡FIIIIUUU!
Una flecha pasó junto a la cabeza de Loro.
—¡Nos atacan!
Decenas de hombres salieron de entre los árboles.
—¡Dejad las mercancías y nadie saldrá herido! —gritó su líder.
Loro miró las telas.
Después miró el bosque.
Sonrió.
—Habéis cometido un error.
—¿Cuál?
—Habéis elegido un bosque en el que yo sé preparar trampas.
Loro señaló unos árboles.
—¡Ahora!
Sus hombres tiraron de varias cuerdas.
¡ZAS!
Una trampa se cerró y atrapó a dos atacantes.
Otros corrieron hacia ellos, pero el suelo cedió bajo sus pies y cayeron en un hoyo cubierto de ramas.
—¡Seguid avanzando! —ordenó Loro.
Los enemigos comenzaron a perseguirlos.
Loro corrió entre los árboles hasta llegar a un claro.
Se detuvo.
—Aquí.
—¿Aquí qué, capitán?
—Aquí termina la persecución.
Los atacantes llegaron al claro.
Entonces Loro cortó una cuerda.
Un tronco enorme cayó delante de ellos.
¡BOOOOM!
Los hombres quedaron atrapados al otro lado.
Pero su jefe consiguió saltar por encima del tronco y se abalanzó sobre Loro.
Comenzaron un feroz duelo de espadas.
¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG!
El enemigo era rápido.
Loro retrocedió.
Pero entonces recordó algo.
—En una pelea no siempre gana el que tiene la espada más grande.
El capitán soltó su espada.
El enemigo se quedó sorprendido.
Loro agarró una cuerda que había dejado preparada y tiró con fuerza.
El atacante cayó de espaldas.
La tripulación corrió hacia él y lo capturó.
Los demás, al ver derrotado a su líder, huyeron despavoridos hacia el bosque.
Loro recogió su espada.
—Bueno... ¿nos vamos?
—¡Nos vamos!
Y así, después de dos ataques, una batalla naval, varias trampas y un duelo de espadas, el capitán Loro y su tripulación llegaron finalmente al barco.
Cargaron las sedas, las telas, los vestidos y las especias.
Loro subió a cubierta y miró hacia el horizonte.
—¡Levad anclas!
Las velas se alzaron.
El barco comenzó a alejarse de la India.
Pero mientras el sol desaparecía en el horizonte, uno de los marineros vio algo extraño.
Un barco oscuro los seguía desde lejos.
—Capitán...
Loro levantó el catalejo.
Su sonrisa desapareció.
—Parece que aquellos piratas no eran los únicos que nos estaban buscando.
Y la siguiente aventura estaba a punto de comenzar.
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