domingo, 13 de septiembre de 2026

Capitulo 4 Capitan Loro La botella misteriosa

Capítulo 4: La botella misteriosa

El mar estaba completamente oscuro. El Capitán Loro navegaba lentamente entre dos enormes
islas, mientras unas nubes negras cubrían la luna.
—Esto no me gusta nada... —murmuró, agarrando con
fuerza el timón.
De repente...
¡TOC!
Algo chocó contra el barco.
Loro miró hacia abajo.
Flotando entre las olas había una botella de cristal
verde, cerrada con un enorme tapón dorado.
—¿Una botella? ¿Aquí?
La pescó con su garfio y la abrió.
Dentro había un pequeño mapa enrollado y un mensaje
escrito con tinta roja:
“Si encuentras este mapa, ya es demasiado tarde. Busca
la Cueva del Trueno. Allí está escondido el tesoro que
ningún pirata ha conseguido encontrar.”
Los ojos de Loro se abrieron como platos.
—¡¿Un tesoro secreto?!
Pero debajo del mensaje había algo todavía más
inquietante:
“NO CONFÍES EN EL PIRATA SOMBRA.”
En ese mismo instante, se escuchó una voz detrás de él.
—Llegas tarde, Capitán Loro.
Loro se giró de golpe.
Sobre una roca, iluminado por un relámpago, había un
enorme pirata vestido completamente de negro. Tenía
un parche plateado, una espada curva y una sonrisa
aterradora.
—¿Quién eres?
El desconocido levantó su espada.
—Me llaman Barba Sombra. Y ese mapa me pertenece.
—¡Pues tendrás que quitármelo! —gritó Loro.
Barba Sombra saltó desde la roca y cayó sobre la
cubierta.
¡CLANG!
Las espadas chocaron.
Loro retrocedió.
—¡Eres rápido! —Y tú eres demasiado lento.
Barba Sombra lanzó un golpe que hizo volar el sombrero
de Loro.
—¡Mi sombrero!
El Capitán Loro se enfadó.
—¡Eso sí que no!
Agarró una cuerda, se balanceó sobre el barco y aterrizó
detrás de Barba Sombra.
¡PUM!
El pirata cayó al suelo.
Pero antes de que Loro pudiera atraparlo, Barba Sombra
lanzó una pequeña bomba de humo.
¡FUUUUSH!
Cuando el humo desapareció, había desaparecido.
Solo quedó su voz flotando en la oscuridad:
—¡Nos veremos en la Cueva del Trueno!
Loro recogió su sombrero y miró el mapa.
En él aparecía una isla que no figuraba en ninguna de
sus cartas.
Y una enorme X roja.
—Bueno... —dijo, sonriendo—. Parece que tenemos una
cueva que visitar.
Después de varias horas de navegación, apareció la isla.
Era gigantesca.
En el centro se levantaba una montaña atravesada por
una enorme entrada negra.
La Cueva del Trueno.
Loro entró.
Dentro había cristales azules que iluminaban las paredes
y un río subterráneo que desaparecía en la oscuridad.
Avanzó hasta encontrar una gigantesca puerta de
piedra.
En ella había tres símbolos:
🦜 Un loro.
⚡ Un relámpago.
💰 Un cofre.
Loro colocó la botella sobre el símbolo del loro.
¡CRAAAAACK!
La puerta comenzó a abrirse. Al otro lado había una cámara gigantesca.
Y en el centro...
Un cofre de oro tan enorme que parecía una pequeña
casa.
Loro se quedó completamente inmóvil.
—No puede ser...
Abrió el cofre.
¡CLAAAAANG!
Una montaña de monedas de oro cayó al suelo.
Había joyas, diamantes, coronas antiguas y monedas de
todos los rincones del mundo.
Pero, enterrado entre el oro, había un objeto mucho más
extraño:
una llave negra con forma de calavera.
Loro la levantó.
Entonces escuchó un rugido.
GRRRRRRRRR...
Se giró lentamente.
Dos ojos rojos brillaban en la oscuridad.
Una enorme criatura salió de detrás de las rocas.
Loro tragó saliva.
—Creo que este tesoro tiene... ¿guardia?
La criatura abrió la boca y rugió.
¡ROOOOOOOAR!
Loro agarró la llave y salió corriendo.
—¡¡¡CAPITÁN LORO NO PIENSA QUEDARSE A CENAR!!!
Detrás de él, la criatura comenzó a perseguirlo.
Y mientras corría hacia la salida, Loro no vio la sombra
que lo observaba desde lo alto de la cueva.
Barba Sombra sonreía.
—Gracias por encontrar la llave por mí...
Y levantó su espada.
—Ahora comienza la verdadera aventura.
CONTINUARÁ... 🦜🏴‍☠️⚡💰.
Capítulo 3: El veneno del capitán
El Pirata Loro navegaba bajo un cielo negro como el
carbón. Sobre su hombro descansaba su inseparable
compañero, un pequeño loro verde llamado Chispa, que
no dejaba de mirar hacia el horizonte. Pirata Loro no era un pirata cualquiera.
Era un cazador de piratas.
Los reyes, príncipes y marqueses ofrecían grandes
recompensas por capturar a los criminales más
peligrosos de los siete mares. Y Pirata Loro aceptaba los
encargos más difíciles.
Aquella noche tenía uno especialmente peligroso.
—Capitán —graznó Chispa—. ¡Barco enemigo a la vista!
Pirata Loro levantó el catalejo.
Allí estaba: un enorme navío oscuro, con las velas
negras y una bandera que hacía temblar hasta a los
marineros más valientes.
Era el barco del temible Capitán Veneno.
Decían que aquel pirata había envenenado las bebidas
de numerosas tripulaciones y que guardaba botellas con
sustancias mortales por todo su camarote. Nadie sabía
exactamente cuál era peligrosa y cuál no.
—Esta vez no beberemos absolutamente nada —dijo
Pirata Loro.
—¡Nada! —repitió Chispa.
Pirata Loro se acercó sigilosamente al barco enemigo y
consiguió subir a bordo. Pero apenas puso un pie en la
cubierta, una voz retumbó detrás de él.
—¡Así que tú eres el famoso cazador de piratas!
Era el Capitán Veneno.
Era enorme, fuerte y rápido. Llevaba una espada pesada
y una mirada terrible.
—¡Te estaba esperando!
La pelea comenzó.
¡CLANG!
Las espadas chocaron.
Pirata Loro retrocedió.
El capitán volvió a atacar.
¡CLANG!
Pirata Loro consiguió esquivar el golpe por muy poco.
—¡Es demasiado fuerte! —gritó Chispa.
Durante largos minutos, los dos combatieron por toda la
cubierta. El Capitán Veneno parecía incansable. Pirata
Loro estaba agotado, pero no pensaba rendirse. Finalmente, consiguió hacerle retroceder hasta la puerta
del camarote.
El capitán entró de golpe.
Pirata Loro lo siguió.
El camarote estaba lleno de botellas.
Había botellas grandes, pequeñas, verdes, azules y
transparentes. Algunas tenían etiquetas y otras ni
siquiera tenían nombre.
Pirata Loro recordó la advertencia:
No bebas de ninguna botella.
El Capitán Veneno sonrió.
—Aquí tengo mi verdadera ventaja.
Intentó agarrar una botella, pero Pirata Loro fue más
rápido y se la quitó de las manos.
—Tu propia trampa se ha vuelto contra ti.
El capitán se abalanzó sobre él.
Pirata Loro esquivó el ataque y utilizó la espada que le
habían regalado los guardianes del marqués. Con un
movimiento rápido, consiguió desarmarlo y derribarlo.
El Capitán Veneno quedó derrotado.
Pero Pirata Loro todavía tenía que enfrentarse a un
último peligro.
Había una botella de veneno sobre la mesa.
El capitán intentó alcanzarla.
—¡Ni se te ocurra! —gritó Pirata Loro.
Con la espada, apartó la botella y la dejó fuera de su
alcance.
Entonces Chispa empezó a gritar desde la ventana:
—¡Más barcos! ¡Más barcos!
Eran los barcos de la Seguritat del Marquès.
Habían llegado para arrestar a toda la tripulación.
Los piratas miraron a su capitán derrotado y
comprendieron que ya no tenían ninguna posibilidad.
Uno levantó las manos.
Después otro.
Y otro más.
Finalmente, toda la tripulación se rindió.
La Seguritad del Marquès subió al barco y arrestó a
todos los piratas. Pirata Loro salió a cubierta con Chispa sobre el hombro.
El sol comenzaba a aparecer por el horizonte.
—Otra recompensa conseguida —dijo Pirata Loro.
Chispa abrió las alas.
—¡Y sin beber nada!
Pirata Loro soltó una carcajada.
Pero mientras abandonaban el barco, ninguno de los dos
se dio cuenta de que, escondida en el camarote del
capitán, quedaba una botella sin etiqueta.
Y dentro de ella...
había algo que podía cambiar el destino de los siete
mares.
CONTINUARÁ

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