domingo, 13 de septiembre de 2026

Capitulo III El veneno del capitan


Capítulo 3: El veneno del capitán

El Pirata Loro navegaba bajo un cielo negro como el carbón. Sobre su hombro descansaba su inseparable compañero, un pequeño loro verde llamado Chispa, que no dejaba de mirar hacia el horizonte.
Pirata Loro no era un pirata cualquiera.
Era un cazador de piratas.
Los reyes, príncipes y marqueses ofrecían grandes recompensas por capturar a los criminales más peligrosos de los siete mares. Y Pirata Loro aceptaba los encargos más difíciles.
Aquella noche tenía uno especialmente peligroso.
—Capitán —graznó Chispa—. ¡Barco enemigo a la vista!
Pirata Loro levantó el catalejo.
Allí estaba: un enorme navío oscuro, con las velas negras y una bandera que hacía temblar hasta a los marineros más valientes.
Era el barco del temible Capitán Veneno.
Decían que aquel pirata había envenenado las bebidas de numerosas tripulaciones y que guardaba botellas con sustancias mortales por todo su camarote. Nadie sabía exactamente cuál era peligrosa y cuál no.
—Esta vez no beberemos absolutamente nada —dijo Pirata Loro.
—¡Nada! —repitió Chispa.
Pirata Loro se acercó sigilosamente al barco enemigo y consiguió subir a bordo. Pero apenas puso un pie en la cubierta, una voz retumbó detrás de él.
—¡Así que tú eres el famoso cazador de piratas!
Era el Capitán Veneno.
Era enorme, fuerte y rápido. Llevaba una espada pesada y una mirada terrible.
—¡Te estaba esperando!
La pelea comenzó.
¡CLANG!
Las espadas chocaron.
Pirata Loro retrocedió.
El capitán volvió a atacar.
¡CLANG!
Pirata Loro consiguió esquivar el golpe por muy poco.
—¡Es demasiado fuerte! —gritó Chispa.
Durante largos minutos, los dos combatieron por toda la cubierta. El Capitán Veneno parecía incansable. Pirata Loro estaba agotado, pero no pensaba rendirse.
Finalmente, consiguió hacerle retroceder hasta la puerta del camarote.
El capitán entró de golpe.
Pirata Loro lo siguió.
El camarote estaba lleno de botellas.
Había botellas grandes, pequeñas, verdes, azules y transparentes. Algunas tenían etiquetas y otras ni siquiera tenían nombre.
Pirata Loro recordó la advertencia:
No bebas de ninguna botella.
El Capitán Veneno sonrió.
—Aquí tengo mi verdadera ventaja.
Intentó agarrar una botella, pero Pirata Loro fue más rápido y se la quitó de las manos.
—Tu propia trampa se ha vuelto contra ti.
El capitán se abalanzó sobre él.
Pirata Loro esquivó el ataque y utilizó la espada que le habían regalado los guardianes del marqués. Con un movimiento rápido, consiguió desarmarlo y derribarlo.
El Capitán Veneno quedó derrotado.
Pero Pirata Loro todavía tenía que enfrentarse a un último peligro.
Había una botella de veneno sobre la mesa.
El capitán intentó alcanzarla.
—¡Ni se te ocurra! —gritó Pirata Loro.
Con la espada, apartó la botella y la dejó fuera de su alcance.
Entonces Chispa empezó a gritar desde la ventana:
—¡Más barcos! ¡Más barcos!
Eran los barcos de la Seguritat del Marquès.
Habían llegado para arrestar a toda la tripulación.
Los piratas miraron a su capitán derrotado y comprendieron que ya no tenían ninguna posibilidad.
Uno levantó las manos.
Después otro.
Y otro más.
Finalmente, toda la tripulación se rindió.
La Seguritad del Marquès subió al barco y arrestó a todos los piratas.
Pirata Loro salió a cubierta con Chispa sobre el hombro.
El sol comenzaba a aparecer por el horizonte.
—Otra recompensa conseguida —dijo Pirata Loro.
Chispa abrió las alas.
—¡Y sin beber nada!
Pirata Loro soltó una carcajada.
Pero mientras abandonaban el barco, ninguno de los dos se dio cuenta de que, escondida en el camarote del capitán, quedaba una botella sin etiqueta.
Y dentro de ella...
había algo que podía cambiar el destino de los siete mares.
Continuará.

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