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martes, 15 de septiembre de 2026
lunes, 14 de septiembre de 2026
Capítulo 7 Capitán Loro contra el chivato insultador
Capitulo 6 Capitán Loro y la Isla Tortuga
Capitulo 6 Capitán Loro y la Isla Tortuga
El Capitán Loro era un joven capitán pirata que llevaba muchas millas surcando los mares. Su barco, aunque antiguo y maltrecho, seguía siendo rápido y resistente. Con él recorría las islas en busca de tesoros, comerciando con mercancías y, sobre todo, embarcándose en aventuras que casi siempre terminaban siendo mucho más peligrosas de lo que había previsto.
Después de su última aventura, durante la cual había tenido que enfrentarse a un traidor cuyo nombre había decidido borrar para siempre de su memoria, el Capitán Loro había conseguido hacerse con algo muy valioso.
Un mapa.
No era un mapa cualquiera.
En el centro del pergamino había dibujada una enorme X roja.
—Aquí se encuentra el próximo tesoro —dijo Loro, extendiendo el mapa sobre la mesa del camarote.
Sus marineros se acercaron.
—¿Y dónde está la isla? —preguntó uno de ellos.
Loro frunció el ceño.
—Ese es el problema.
Durante días intentaron descifrar el mapa. Giraron el pergamino, estudiaron las estrellas, compararon las líneas de la costa y contaron las pequeñas marcas que aparecían en los bordes.
No obtuvieron ningún resultado.
La isla parecía no existir.
—Ni siquiera sabemos cuándo aparecerá —murmuró Loro.
Y, en efecto, aún tendrían que recorrer una larga distancia antes de encontrarla.
La marea baja
El viaje comenzó con dificultades.
Al aproximarse a una zona de arrecifes, una corriente inesperada empujó el barco contra unas rocas.
¡CRAAASH!
El barco se estremeció de proa a popa.
—¡Rocas! —gritó un marinero.
—¡Apartad el barco de ahí!
Demasiado tarde.
Una sección del casco había quedado dañada.
Tuvieron que detenerse cerca de una pequeña costa para reparar el barco. Sin embargo, surgió otro inconveniente.
La marea estaba baja.
El barco había quedado prácticamente varado.
—No podremos salir hasta que suba —dijo Loro.
No tuvieron más remedio que esperar.
Pasaron horas reparando tablas, ajustando cuerdas y revisando las velas. Finalmente, cuando el agua comenzó a subir, el barco volvió a flotar.
—¡Ahora! —ordenó el Capitán Loro—. ¡Preparad las velas!
Las velas se alzaron.
El viento comenzó a impulsarlas.
—¡A mar abierto!
Y el barco volvió a alejarse de la costa.
El canto de las sirenas
Durante varias horas navegaron tranquilamente.
Hasta que, al caer la noche, escucharon algo.
Una voz.
Suave.
Lejana.
Hermosa.
—¿Qué es eso? —preguntó uno de los marineros.
La voz volvió a sonar.
Esta vez, más cerca.
Era una melodía dulce y estremecedora que parecía llegar desde todas partes al mismo tiempo.
El Capitán Loro palideció.
—No...
Se levantó de golpe.
—¡Sirenas!
Los marineros se miraron aterrorizados.
—¡Maldita sea! ¡Tapaos los oídos!
—¿Capitán?
—¡No las escuchéis! ¡No importa lo que oigáis!
La canción se hizo más intensa.
Algunos marineros comenzaron a caminar hacia la borda.
—¡Volved aquí! —rugió Loro.
Corrió hasta ellos y los apartó.
—¡Esas criaturas solo buscan nuestra ruina! ¡Quieren que quedemos atrapados y no podamos escapar!
Todos se taparon los oídos.
El barco continuó avanzando mientras las voces de las sirenas se desvanecían poco a poco detrás de ellos.
Pero aquella noche aún no había terminado.
La noche de la tormenta
Un viento brutal comenzó a soplar de frente.
Las velas se hincharon en dirección contraria.
—¡Viento en contra! —gritó el contramaestre.
Las olas comenzaron a crecer.
El mar se volvió picado, violento y tormentoso.
Entonces cayó el primer trueno.
¡BOOOOM!
Un relámpago iluminó el cielo.
Después, otro.
Y otro.
La oscuridad era casi absoluta entre cada destello.
El barco subía y bajaba entre las olas como un pequeño trozo de madera.
—¡Sujetad las cuerdas!
—¡La vela mayor está a punto de romperse!
—¡No dejéis que el barco gire!
Loro se aferró al timón con todas sus fuerzas.
—¡Resistid!
Una ola enorme cayó sobre la cubierta.
Durante unos segundos, nadie pudo ver nada.
El barco crujió.
Parecía que iba a partirse.
Pero resistió.
La tormenta duró casi toda la noche.
Cuando finalmente amaneció, el mar estaba mucho más tranquilo.
Todos estaban agotados.
Otros barcos habrían desaparecido aquella noche.
Pero el del Capitán Loro seguía a flote.
—Seguimos vivos —dijo Loro.
Miró hacia el horizonte.
—Y todavía tenemos un tesoro que encontrar.
El enemigo desconocido
Sin embargo, alguien más estaba buscando al Capitán Loro.
Un capitán enemigo llevaba mucho tiempo siguiendo su rastro.
Loro lo ignoraba.
Aquel hombre había sido compañero del traidor al que Loro había derrotado en su anterior aventura.
Y buscaba venganza.
Su barco apareció en el horizonte una mañana.
—¡Barco a estribor! —gritó el vigía.
Loro miró a través del catalejo.
—¿Quién demonios es ese?
El otro barco se acercó.
Entonces se escuchó una voz desde su cubierta.
—¡Capitán Loro!
Loro frunció el ceño.
—¿Quién eres?
—¡Alguien que viene a cobrar una vieja deuda!
—Pues ponte a la cola —respondió Loro—. Parece que últimamente todos quieren cobrarme algo.
El enemigo levantó la mano.
—¡Fuego!
¡BOOOOM!
Un cañonazo sacudió el barco de Loro.
—¡Nos disparan!
—¡Preparad los cañones! —ordenó Loro.
¡BOOOOM!
El combate había comenzado.
Los dos barcos intercambiaron disparos.
Madera contra madera.
Cañón contra cañón.
Los marineros corrían por la cubierta mientras las balas de cañón atravesaban el aire.
Finalmente, los barcos quedaron lo bastante cerca.
—¡Al abordaje!
Los enemigos saltaron a la cubierta.
Espadas.
Gritos.
Cuerdas.
Golpes.
El Capitán Loro desenfundó su espada.
—¡Por mi tripulación!
La batalla fue feroz.
Pero Loro y sus hombres consiguieron imponerse.
El capitán enemigo cayó derrotado.
—¿Por qué me perseguías? —preguntó Loro.
El hombre lo miró con rabia.
—Por el traidor.
Loro guardó silencio.
Comenzaba a comprender.
El pasado estaba regresando.
Y, por lo visto, aquella aventura le estaba haciendo ganar tantos enemigos como tesoros.
Después de la batalla, tuvieron que reparar el barco una vez más.
—Espero que el próximo tesoro incluya piezas de repuesto para el barco —murmuró uno de los marineros.
Loro soltó una carcajada.
—Eso sí que sería un tesoro.
La isla que no existía
Pasaron los días.
El mapa seguía sin revelar su secreto.
Hasta que una mañana ocurrió algo extraño.
El vigía gritó desde lo alto del mástil:
—¡Capitán!
—¿Qué ocurre?
—¡Hay algo en el horizonte!
Loro tomó el catalejo.
Al principio solo vio niebla.
Después distinguió algo verde.
Árboles.
Tierra.
Pero aquello no podía ser una isla.
Se movía.
Loro bajó lentamente el catalejo.
—No puede ser...
A medida que se acercaban, la enorme silueta apareció entre las olas.
Era una tortuga gigantesca, tan enorme que sobre su caparazón había tierra, árboles, rocas y pequeñas montañas.
—¡Una isla viviente! —exclamó un marinero.
Loro comprobó el mapa.
La X roja parecía señalar exactamente aquel lugar.
—La hemos encontrado.
Pero había algo preocupante.
La tortuga comenzaba a hundirse.
—¿Se está sumergiendo? —preguntó uno de los marineros.
Loro observó al enorme animal.
—Sí.
La isla-tortuga no permanecería en la superficie para siempre.
Disponían de muy poco tiempo.
—¡Preparad el bote!
El tesoro bajo la tortuga
Llegaron a la orilla justo antes de que la tortuga volviera a sumergirse.
Corrieron hacia el interior.
Árboles gigantes.
Rocas cubiertas de musgo.
Cuevas oscuras.
Y, escondida entre las piedras, encontraron una entrada.
El Capitán Loro encendió una antorcha.
—Entramos.
La cueva estaba completamente a oscuras.
Dieron unos pasos.
CLAC.
Loro se detuvo.
—No os mováis.
Del techo cayó una red.
Pero Loro consiguió apartarse a tiempo.
—Primera trampa.
Siguieron avanzando.
El suelo se abrió bajo los pies de uno de los marineros.
—¡Arena movediza!
Entre todos lograron sacarlo.
Después aparecieron lanzas ocultas.
Luego, enormes piedras que rodaban por los túneles.
Más adelante encontraron fosos y mecanismos antiguos que se activaban al pisar determinadas piedras.
Aquella cueva parecía construida para impedir que cualquiera llegara hasta el tesoro.
—¿Quién construyó todo esto? —preguntó un marinero.
Loro levantó la antorcha.
—Alguien que no quería que encontráramos lo que hay al final.
Avanzaron durante horas.
Encendieron más antorchas para iluminar los túneles.
Cada paso podía activar una nueva trampa.
Una pared lanzó flechas.
Otra abrió una compuerta.
Un suelo entero comenzó a inclinarse.
—¡Corred!
Corrieron.
Saltaron.
Se agacharon.
Esquivaron redes, lanzas y piedras.
Finalmente llegaron a una enorme cámara.
En el centro había un pedestal.
Y encima...
Una caja.
Loro se acercó lentamente.
La abrió.
La luz de las antorchas se reflejó sobre montañas de oro.
Monedas antiguas.
Joyas.
Piedras preciosas.
Objetos que parecían pertenecer a civilizaciones desaparecidas hacía siglos.
El Capitán Loro sonrió.
—Por fin.
Pero entonces la cueva tembló.
GRRRRRR...
Todos se quedaron inmóviles.
—¿Qué ha sido eso?
Se produjo otro temblor.
La tortuga comenzaba a sumergirse.
Loro miró hacia la entrada.
—¡Coged todo el tesoro que podamos transportar!
—¿Y si nos quedamos atrapados?
Loro agarró un cofre.
—Entonces tendremos que salir antes de que nuestra isla desaparezca bajo el mar.
Y así, cargados de oro, perseguidos por antiguas trampas y con la gigantesca tortuga hundiéndose lentamente bajo las olas, el Capitán Loro y su tripulación iniciaron la carrera más peligrosa de toda su aventura.
Porque habían encontrado el tesoro.
Pero ahora debían sobrevivir para llevárselo.
domingo, 13 de septiembre de 2026
Capítulo 5: Un enemigo al descubierto y un lugar secreto bajo el mar
Capitulo 4 Capitan Loro La botella misteriosa
Capitulo III El veneno del capitan
miércoles, 9 de septiembre de 2026
.Capítulo II: El tesoro perseguido
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